El amor de mi vida se me fue
Yo llevaba diez años en pareja, con un buen hombre, que no era el amor de mi vida. Sencillamente… nos entendíamos Sin discusiones, ni grandes diferencias, pero con carencia de lo más importante. Ese sentimiento o sentimientos que deben predominar es una pareja no existían, eramos como dos buenísimos amigos, nada más.
Nos habíamos acomodado a esa situación y, por mi parte, no me
planteaba dejar la relación ni nada parecido. No podía echar de menos
cosas que no conocía y el amor, el auténtico, nunca había aparecido por
mi vida, hasta que llegó. Creedme que si hubiera podido evitarlo, lo
habría hecho, pero en el corazón no se manda y el que diga que si es que
nunca ha amado de verdad. El corazón no elije, no sabe de prejuicios ni
de leyes del hombre, y menos de la iglesia. No conoce limites.
Nos conocimos buscando discos, ambos eramos fans del mismo músico y
coincidimos buscando lo mismo. Estuvimos hablando en la cola para pagar y
un rato después, me lo volví a encontrar en la cafetería del centro
comercial. Hablamos un rato, nos dimos los teléfonos y esa noche, al
llegar a casa, tenia un mensaje suyo.
Ese correo me dejo loca. Me describía con adjetivos, a cual más
hermoso y me decía que no dejaba de pensar en mi. En este punto yo ya
tenia una supernova en la boca del estomago.
Nos escribíamos a diario, compartíamos música, poemas, pensamientos…
Entonces me confeso que estaba casado. Me quería morir.
Y ya se que ahora llegará el típico puritano y me dirá: el matrimonio
es sagrado y un vinculo de por vida y esas tonterías que siempre tengo
que leer allí donde miro.
Nada hay seguro en este mundo, excepto la muerte. Podemos
equivocarnos y casarnos con la persona equivocada, y ocurre a diario, ¿y
qué debemos hacer? ¿conformarnos o intentar ser felices? Estoy de
acuerdo en que uno debería pensarlo mejor antes de casarse, que hoy se
hace todo muy a la ligera, pero una vez el mal ya está hecho, también se
puede remediar. Cualquier cosa será mejor que vivir sin vivir y llegar a
viejo lamentándonos o arrepintiéndonos.
Además, la gente suele juzgar a los o las que nos metemos en relaciones
de pareja. Nosotros no nos metemos, nos dejan entrar o nos llaman , que
es distinto, nadie les fuerza.
Si uno no es capaz de respetar su propia pareja, va a venir alguien de la calle a hacerlo?, ya se que suena cínico pero es así.
El caso es que cuando me enteré, lo tomé muy mal. Debería habérmelo
dicho desde el principio. Tenia miedo dijo, de que me alejase. Estaba
muy confundida.
Según el, su mujer era lo que mi novio para mi, la diferencia es que yo no me había casado, ni tenia hijos, él sí.
Quedamos para vernos otra vez y esa vez se convirtió en otra, otra y
otra…y así pasé del punto sin retorno. Ya no había duda, estaba
locamente enamorada. Nunca lo había estado, nunca. Una sabe la
diferencia.
Hablé con mi novio, que era todo comprensión y mi mejor amigo y lo
dejamos. El vive hoy con otra chica, maravillosa , buena chica, con la
que dice estar viviendo algo nuevo (yo le digo que es amor, amor
auténtico, pero el se ríe). Es muy feliz y yo me alegro por qué aunque
nunca le amé,le quiero y le deseo lo mejor.
Con respecto a mi historia… Complicada. Ya se sabe, cada vez necesitas más y no siempre se puede y sufres.
Un día le dije que había sido un egoísta al no haberme dicho lo de su matrimonio desde la primera vez
a lo que el respondió con una pregunta; ¿habría cambiado algo? No supe
que responder, quise pensar que si, que todo habría sido diferente, que
no me habría hecho ilusiones, que nada estaba aún tan arraigado como
para no haberme podido obligar a mi misma a olvidar esa historia y
seguir con la vida que llevaba, vida cómoda aunque falta de todas esas
emociones increíbles que él me hacia sentir.
Estaba tan confundida que decidí pedir una excedencia y marcharme un
tiempo a Londres, donde unos tíos tienen un pequeño hotel, trabajar con
ellos una temporada e intentar ver la vida desde otro prisma.
No le hizo mucha ilusión, ni a mí. Sólo deseaba estar con él, pero no
así Sus hijos eran demasiado pequeños y no quería ni podía separarse de
ellos, así que en una ocasión me pregunto si yo estaba dispuesta a
esperarle.
Vaya pregunta, hay que analizarla bien, ¿es egoísmo, desesperación,
una prueba de amor, confusión, todo a la vez…? Le respondí, que en aquel
momento le amaba y que sentía que le esperaría toda la vida. Eso no era
una garantía a largo plazo (ya sabemos que seguro, no hay nada en esta
vida) pero sentía que si, que lo haría, pero no esperándole en mi casa,
frustrada, olvidando vivir y dejando pasar los años esperando. Debíamos
tomarlo con calma y madurez.
Me fui a Londres, empecé a trabajar con mis tíos y busqué una casita
donde instalarme. Adopté un perrito y compré peces de colores.
Al cabo de tres meses, el vino a visitarme. Pasamos un fin de semana estupendo. Se volvió a España
y quedamos en que yo iría a verle a él un mes después Nos veríamos en
Madrid. Así empezó una costumbre que duraría cinco años, un mes él venia
a Londres (donde por motivos laborales, decidí quedarme
indefinidamente) y al siguiente yo iría a Madrid.
Nada cambió, fue el hecho de estar lejos y el tiempo que me di cuenta
de que realmente le quería profunda y desesperadamente. Estaba segura
de mi y de él y aunque a veces no le encontraba sentido a estar
separados, al final siempre me decía a mi misma que la vida nos estaba
poniendo a prueba y que si superábamos eso, seria la garantía de que lo
nuestro era auténtico y genuino, nada que ver con un documento firmado
delante de un cura. Auténtico, amor que supera años, distancia,
impedimentos… y que no conoce otra ley que la del corazón.
Yo llevaba seis años en Londres cuando su mujer le pidió el divorcio.
Resulta que ella por su parte y desde hacia meses, tenia una aventura y
decidió romper con todo.
La señora honorable se divorcia para estar con alguien a quien conoce
hace meses y su marido la ha estado aguantando años enamorado de otra,
vaya estafa de la vida.
Cuando me lo dijo, me sentí igual, estafada. Tanto sacrificio y
espera para acabar como el había temido, viendo a sus hijos dos veces
por semana.
Volví a España
unos meses después y pudimos escribir nuestros nombres juntos en el
buzón de nuestra casa. Eso me emocionó tanto… Todo era tan bonito.
Habíamos esperado tanto que incluso lo malo se olvidaba estando el uno
en la presencia del otro.
Los siguientes tres años fueron los más felices de mi vida, mi vida
entera. Pero se me fue. Murió en un accidente de coche, hace exactamente
dos años.
Creí que me moriría, quería morirme, nada tenia sentido. Tuve mucho
apoyo a mi alrededor, incluido el de su hija mayor (maravillosa como su
padre) y mi ex y decidí seguir en este mundo, pero no hay un solo día de
mi vida en el que no le eche de menos y deseé acabar con todo.
Fue mi amor, mi único y verdadero amor, no ha habido ni habrá otro y
perdimos tiempo valioso. Aunque cuando miro a su hija, la mujercita que
es hoy, la gran chica en la que se ha convertido, me pregunto si habría
sido igual si el se hubiese ido conmigo desde el principio,
probablemente no.
El estaría orgulloso de ella y de su otro hijo, que está estudiando en el extranjero y es un chico trabajador y honrado.
Somos la suma de nuestros días y lo que hagas con ellos, como los
decidas invertir. Nadie puede decírtelo Hazlo lo mejor que puedas y
atente a las consecuencias.
Saludos a todos.

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